jueves, 26 de julio de 2012

CONVERSACIONES CON LA SEÑORA MARCEL BLUES


 Parte II
Del libro inédito: 
"Pregúntale a Rose"
Anécdotas, ensayos, preguntas y respuestas sobre el sexo y las relaciones  
Por: Rossalinna Benjamin


                  UN ESCALÓN HACIA NOSOTRAS
                        En defensa de las lesbianas    


Entro acalorada a la asamblea del Congreso. Entre el público destacan los impecables diputados y las lesbianas y activistas hembras y varones, radiantes en sus camisetas rosas con el arcoiris de la bandera LGBT en la espalda. Camino con mi grabadora encendida hacia los laterales del frente. El auditorio está asombrosamente silencioso. Todos atienden concentrados, fascinados incluso, a una enérgica e iluminada señora Marcel Blues que desde el podio está diciendo en aquel instante:

 “…Y a esos violadores de lesbianas, y todos esos equivocados respecto a las preferencias de estas increíbles mujeres, tengo que decirles esto:

Lo siento, me encantaría poder satisfacer con una mentira piadosa, su ego tan masculino, que simplemente no soporta la idea de que una mujer pueda preferir el sexo con otra mujer, antes que con un hombre, pero cada vez que se acuesten con una obtendrán en lo que acontece las respuestas, los motivos que lleva a un proceder tan incomprensible, inasimilable y por tanto inadmisible para ustedes, que están encerrados, chocándose perpetuamente contra las duras paredes de su cuadrado cerebro masculino.

Sencillamente, con uno que otro agravante o atenuante, ellas prefieren el sexo femenino porque con este pueden alcanzar una mayor plenitud del goce. Y, por supuesto, que no hablo sólo de sexo, pero en esta ocasión me voy a referir más que nada a ello, por ser lo más básico.

Para nadie debe ser un secreto, a estas alturas, que la intuición femenina es la fuente de la empatía. Los hombres que logran empatía con los demás hombres y mujeres, es porque se han puesto en contacto con su femenino lo suficiente para adquirir este indispensable rasgo de carácter. Una vez el hombre reduce la brecha entre su masculino y su femenino, ya comienza el proceso de identificación con la mentalidad, el carácter, el sentir de las mujeres y una vez logrado eso, lo demás es pan comido. No exageran los chistes que implican lo difícil de comprender a una mujer. Quien pueda hacer eso, puede recrear el mundo.

Pero lo cierto es que por mucho que se acerquen los hombres a esa identificación con la feminidad, siempre una mujer lo hará mejor, porque ya lo trae en su ser cuando nace y se afina con la experiencia.

Entendido esto, no es entonces de extrañar, que también en el sexo, una mujer pueda llevar a otra a cumbres más elevadas de placer que un hombre común y corriente. En la cama un hombre puede suponer, imaginar, inventar, probar; una mujer intuye y guiada por esa profunda identificación con las necesidades de su compañero, darle exactamente lo que necesita. Además de que (al margen de las diferencias entre unas y otras), la mujer sabe, por sí misma, exactamente qué hace vibrar a las mujeres y cómo debe hacerse.

Entonces, ¿quién mejor que una mujer para entender-complacer a otra mujer?

Esto les dolerá, queridos, pero las mujeres, que honestamente piensan, dicen y creen que el sexo con hombres comunes y corrientes es lo máximo, en muchos casos es porque no han probado el sexo con otra mujer. Con otra mujer que entienda y goce el sexo en toda la magnífica extensión del concepto femenino.

Entrevisté a una pareja lesbiana amiga mía, saludo su presencia en esta sala, y  Sandy declaraba al respecto: “es inexplicable la singularidad de este placer, es un disfrute más allá de cualquier razonamiento. Cuando tenemos sexo no necesitamos asumir roles, es totalmente natural: dos mujeres haciéndose gozar y gozándose mutuamente, en todas sus infinitas posibilidades. ¿Puedes imaginarlo? Es pleno, diferente, único ¡perfecto!”.

Y su novia Kelly añadió: “No me veo imaginando a  Sandy como un hombre, si necesitara eso para sentirme plena buscaría un hombre, por lógica. Precisamente lo que me hace lesbiana es que prefiero a las mujeres, eso es sentido común. Amo su cuerpo de mujer y su alma de mujer. Es su naturaleza femenina lo que me atrae. Y no, no “llega el momento en que anhelamos o necesitamos un hombre”, como cree mucha gente. Nosotras en nuestra inmensa y poderosa sexualidad femenina hallamos el falo, que es absolutamente más satisfactorio que un pene. Esos hombres que piensan así de nosotras, deberían encontrar su falo también.”

Así es, caballeros. Comprender y tratar de asimilar esto, les traerá múltiples beneficios. Pues, aparte de evitar los problemas legales y sociales que su comportamiento erróneo les trae por atentar contra los derechos fundamentales de esos seres humanos, también mejorarán significativamente sus relaciones con las mujeres (incluyendo jefas, amigas, hermanas, madres y… ¡suegras!) No tengo que explicarles qué conveniente sería eso para sus estresadas vidas.

Asi que, ¿Por qué no se hacen un favor y avanzan un escalón hacia nosotras?, no sólo las lesbianas, no, sino hacia todas las del ser femenino. Y digo el ser y no el sexo, porque hay muchas entre nosotras que contando con una vagina no son mujeres, pues no encarnan en sí lo femenino. Tratan de imitar a los hombres y al quedarse cortas en ello, desarrollan envidia hacia estos y desprecio hacia sus congéneres.

De igual modo entre ustedes hay muchos que son verdaderas damas con verga. Hombres con una intuición tan desarrollada y un lado femenino tan bien asimilado que nos hacen sentir verdaderamente afortunadas de tenerlos junto a nosotras. No necesariamente gays, (aunque sí muchos de ellos), sino inteligente hombres heterosexuales que por su aprecio por las mujeres o por las razones que sea, se han aplicado a conocerlas, analizarlas, entenderlas, finalmente intuirlas y así lograr complacerlas. Aunque algunos usan ese conocimiento para manipularlas y hacerlas daño, gracias a Dios, esos no son mayoría. Gran parte de los hombres que hacen daño a las mujeres es, precisamente por lo contrario: por no entenderlas ni identificarse con ellas.

Cuando el hombre logra una empatía tal con las mujeres, no puede sino amarlas en su singularidad y aceptarlas en su pluralidad.

Aprendan esto y dejen en paz a las lesbianas. Ellas no requieren de ningún proceso sexual “correctivo”, ni de ningún tipo. Ustedes en su arrogante ignorancia  están tratando de forzar para entrar a un conducto al que sólo se puede acceder flexibilizándose. Lo único que logran en este absurdo intento es lastimar y lastimarse. En vez de este proceder inútilmente brutal, déjennos echarles esta mano y ¡Suban este otro escalón hacia nosotras!. ¡Muchas gracias!”.

Todos se ponen de pie y aplauden atronadoramente, silbidos y vítores por doquier. Jamás hubiera imaginado que aquello sería posible. Nuestro país es uno de los más machistas del Caribe. Pero las ardidas palabras de aquella inigualable mujer llegaban directo al lado correcto del cerebro, adonde podían procesarse adecuadamente. Había logrado tocarles la conciencia…y el corazón.

La señora Marcel Blues, termina de recoger sus papeles y baja del podio serena. De repente se da cuenta de los aplausos y mira tras de sí, luego hacia el frente donde todos le miran jubilosos y siguen aplaudiendo y felicitándola. Entonces, como si saliera de un sueño ella sonríe y sin entender bien la situación, comienza a aplaudir también, a silbar y gritar ¡bravo! alegremente.

Aprovecho para escabullirme entre el público, me toco el carnet de “Prensa” que me franqueó la entrada y me encamino rápidamente hacia el parqueo. Allí, justo al lado de mi pequeño Audi, abriendo la cajuela de su viejo Rolls, está una risueña señora Marcel Blues. –Hey, Rose! ¿Lograste grabar una buena parte del discurso? Confiaba en tu curiosidad para guardarlo en mis archivos, ya que olvidé mi grabadora, después de todo.- Me guiña de nuevo el ojo, divertida con mi azoramiento. Recuerdo de pronto esa escena de “El mundo de Sofía”, en que Wilde le guiña el ojo a Sofía desde el espejo. Ya se va haciendo costumbre con la increíble señora Marcel Blues.

Paso de la sorpresa a la mortificación y de esta a la risa. Es increíble cómo llega a conocerte una persona, tan sólo con un par de intensas conversaciones.

miércoles, 25 de julio de 2012

CONVERSACIONES CON LA SEÑORA MARCEL BLUES

                                                          Parte I
 Del libro inédito: 
"Pregúntale a Rose"
Anécdotas, ensayos, preguntas y respuestas sobre el sexo y las relaciones  
Por: Rossalinna Benjamin


LA DISTANCIA ADECUADA O EL PROCESO DEL DESENCANTO



-¿Adónde va tan elegante, señora Marcel Blues?- Le pregunto a mi ídolo del vecindario o probablemente del mundo, cuando la veo salir de su casa vestida como la princesa Diana en sus mejores días de asistencia a alguna causa benéfica. Es sorprendente el cambio que se opera en ella en ocasiones como esta, pues viste todo el tiempo ropa muy cómoda y con un estilo muy particular, algo entre hippy y amazona, que de hecho, le va muy bien.

-¡Oh, hola, Rose! ¡Eeeh…eres tú!- Me dice cortésmente, sin embargo, dejando claro en su gesto de levantar las dos cejas al mismo tiempo que no es ninguna sorpresa y en la forma en que casi desorbita los ojos, que en todo caso no es una sorpresa precisamente agradable “o más bien, oportuna”, diría ella siempre tan correcta y gentil, aunque con mucho carácter.

Sí, a ese nivel de profundidad conozco a la señora Marcel Blues. Y no es que seamos íntimas ni nada parecido, la señora Marcel Blues es la persona más hermética o, como lo expresaría ella: “amistosamente distanciada” que yo he conocido en mi vida. Paradójicamente, es la que más me ha enseñado sobre el ser humano y sobre el género femenino en particular. Y sé porqué. Ella me lo explicó, ¡claro!

“Es que cuando dos personas se acercan demasiado pierden la perspectiva, la visión del Otro se hace demasiado exagerada y por eso los conflictos y malentendidos. Imagina,
-me dice-, que estás mirando una imagen en una pantalla, supongamos que es la cara del chico que te trae loca. A una distancia muy larga, no tienes una real perspectiva de él, de su rostro, sólo puedes suponer los detalles, especular, imaginar, hasta inventar, ya que tu única fuente de datos es tu memoria. Sabes que tiene un barrito en la mejilla izquierda, pero no sabes si viene de una sala de cirugía estética donde se lo ha extirpado. Igualmente una persona a la que trates y se sitúe demasiado lejos de ti, no te dará la oportunidad de observarla, evaluarla, conocerla y valorarla en su justa medida y por tanto no puedes estar segura de nada y si lo estás o eres demasiado crédula (lo cual es malo) o podrías estar prejuzgando (lo cual es peor).

En cambio, volviendo a la imagen en pantalla y acercándola  a la distancia adecuada, lo verás hermoso, con su barrito intacto en la mejilla, perfecto en su imperfección, bellamente humano, tal cual es. La distancia adecuada entre dos sujetos es aquella en la cual cada uno tiene la mejor perspectiva del otro.

Sin embargo, acerca la imagen más y más y más todo lo que puedas… ¿Cómo lo ves ahora? O quizás la pregunta debería ser ¿Qué ves? ¿Eso ya no se te parece mucho al chico de tus sueños, verdad?  De hecho, me atrevería apostar que lo único que tienes ante la vista, todo lo que ves es esa enorme mancha abultada de lo que fuera un simple barrito y te parece realmente asquerosa.

¿Ves? Eso es lo que hace la mayoría de la gente, a menudo. Por esa razón tantas relaciones que pudieron ser grandiosas terminan rotas, porque no guardaron la distancia adecuada en la cual pudieran apreciarse mutuamente sin perder la perspectiva.

De tan cerca, los defectos se ven muy grandes, la belleza y las virtudes desaparecen, sólo se puede ver al otro como imagen, como un montón de pixeles cegadores y molestos en una pantalla, y por tanto, hostiles y fuera de nuestro alcance, imposibilitado de desarrollar una relación real con nosotros. Así las cosas, nos desapegamos y distanciamos emocionalmente para protegernos de la invasión, redundando todo en lo que llamamos el…

-Desencanto. Digo yo, sin poder evitarlo. Y cubriéndome la boca con las manos inmediatamente, abochornada por dejar escapar con mi admirada señora Marcel Blues, esa vieja manía de terminar las frases de mis interlocutores. Afortunadamente ella es toda una dama y además en verdad aprecia conversar conmigo por lo cual solo sonríe a medias y mueve la cabeza afirmativamente.

“Exacto: desencanto. Hasta la palabra es un poco fea. Algo que pudiera evitarse completamente si llevamos con prudencia el proceso de acercamiento a los demás. La mejor prueba de amor que puedes darle a alguien es respetar su espacio. Cuando lo invades, quebrantas su sistema de seguridad y por tanto, alarmas su instinto de conservación, poniendo todo su ser en alerta roja y colocándote a ti mismo en la posición de “Objetivo”.  Su ser, automáticamente comienza a percibirte como el enemigo.

Violar el espacio vital del otro es poner en peligro la confianza del otro, la relación y a uno mismo.

El afecto y el respeto son líneas paralelas interdependientes, donde se quiebra una se debilita (cuando menos) la otra.  Es difícil respetar a quien desprecias u odias. En cambio, siempre respetarás a alguien a quien verdaderamente quieras, pues si no sientes respeto hacia su ser, no hay tal afecto.

En conclusión, una de las cosas que más valoramos es nuestro espacio vital, nuestra intimidad, nuestra individualidad, una intromisión imprudente del otro es considerada un ataque a la integridad y por tanto una lesión al código relacional establecido. Al otro, a su espacio, hay que asomarse con la misma cautela con que toma un colibrí una gota de rocío de un pistilo de magnolia. De otro modo se corre el riesgo de quebrarlo.

 No exagero, Rose, ¡no me mires así!”

Me sonrojo: -No es eso, señora Marcel Blues, es solo que me parece una comparación bastante cursi. Perdone usted.-

-Sí que lo es, por Dios!- Ella me señala con el dedo entre carcajadas que le arrancan lágrimas. A punto está de arruinar su fabuloso maquillaje, al cual no termino de acostumbrarme. De algún modo, en la imagen que tenía de ella antes de hoy no encajaba para nada cosmético alguno. Pero esta nueva señora Marcel Blues es toda una revelación y es tan encantadora como la otra.

Me río también y me despido de ella agradeciéndole la charla. De camino hacia mi indispensable cita diaria con el río pienso con una sonrisa que al final la señora Marcel Blues no me dijo adónde iba así emperifollada. También pienso que de seguro en ese momento está haciendo lo de costumbre, es decir, devolverse agitada a buscar alguna cosa que olvidó. Miro hacia atrás para comprobarlo. Efectivamente, está abriendo la casa y desde aquí puedo ver sus labios moviéndose y su gesto malhumorado. Vuelvo a reir, imaginando las lindezas que debe estar soltando por esa boca bien pintada. La señora Marcel Blues, maldice que es un encanto. Me asegura que cada día aprende tres nuevas palabras obscenas para ocasiones como esas en que resultan tan útiles. Le pregunto que de dónde las toma y haciendo un gesto de restarle importancia, me responde: “ah, eso es lo de menos! Hay mucho de donde escoger: los reguetoneros, los libros de poesía, el muelle, los cobradores, ciertas amas de casa, las  estrellas de rock, el diario de mi último ex…infinidad de fuentes maravillosamente dotadas”.

Su voz, asombrosamente tranquila y alegre interrumpe mis pensamientos:

-¡Hey, Rose, ven aquí, por favor! ¿No olvidaste algo?-

-Usted me dirá, señora Marcel Blues- me hago la desentendida.

Ella ríe de lado, no se traga el cuento. –Bien, creí que querías saber a donde voy…

-No es necesario que me lo diga, señora Marcel Blues, no quisiera entrometerme en su espacio- la miro con cautela y se ríe.

-Ay, eres increíble, muchacha, llegarás lejos, lo sé. Sabes demasiado. En realidad me interesa que sepas adonde voy, pues muy pronto te hablaré de eso. Estoy camino de un gran acontecimiento, me dice mientras revisa su bolso, la primera reunión de la comunidad lesbiana del país con el Congreso. Haré una ponencia allí.-

Abro los ojos como platos. Gracias a Dios logro bajar la vista antes de que se enderece y me mire de nuevo y logro preguntar con razonable naturalidad:

-¿Es usted lesbiana, señora Marcel Blues? Uppps! Perdone, no me responda, es muy personal. ¡Qué torpe soy! ¡No aprendo nunca!

-No te preocupes, Rose. A ti puedo decírtelo y entenderás, eres casi tan Open Mind como yo. (¡Siento que voy a salir volando! ¡Dios, me lo dice a mí!). No, Rose, no soy lesbiana. Pero tengo otra condición que me hace más que facultada para ir a luchar por su causa: Soy mujer. Y…Rose, puedes tutearme, debe ser bastante pesado tener que llamarme por mi nombre completo cada vez.-

-Oh, gracias señora Marcel Blues, pero eso sí que no lo aceptaré. No podría acostumbrarme, ya sabe! La distancia adecuada- Sonrío por su cara de estupefacción. La señora Marcel Blues es muy extraña. Ahora siempre estaré temiendo su “desencanto” de mí. Al final se relaja y se encoge de hombros: -De acuerdo, la distancia adecuada!- Reímos.

Me guiña un ojo y se va casi corriendo a su auto.

“¡Por Dios, estoy retrasada!” La oigo exclamar mientras arranca.

Miro mi celular y ya estoy retrasada quince minutos para mi cita con mi amigo de agua. Espero que no esté malhumorado cuando llegue. No sé nadar.

La señora Marcel Blues es sólo un punto negro en su auto que a la distancia parece de juguete. He perdido la perspectiva de ambos así que mejor espero a que vuelvan a estar a la distancia adecuada.

jueves, 10 de marzo de 2011

COMO UN PERRO

A veces yo me siento sólo un perro.
No “apenas un perro”, no. ¡Todo un perro!
Y no, tampoco, cualquier perrillo que va por ahí meneando alegremente la cola,
y doblando graciosamente las orejas, como esos que se evocan, automáticamente,
al decir la palabra “perro”. ¡Nada que ver!
Me siento un verdadero perro.
Una de aquellos a los que no les cabe otro nombre u otro adjetivo más definitivo y acertado que PERRO.
¡Un perrrro!!! Un animal completamente perruno.
Y voy husmeando en la podredumbre,
buscando, morbosamente, el olor más picante y nauseabundo del basurero.
Olisqueando con ansiedad las bazofias más asquerosas,
tras el desenfreno completo del olfato.
Descartando con repugnancia las medianas pestilencias de los desperdicios recientes
y la sequedad inodora y fútil de lo ya completamente descompuesto
y en peligro de nueva germinación.
¡Nada de eso! Quiero el hedor y el aspecto, inolvidablemente indigesto, de lo que parece ya para siempre dañado.
Me siento un perro cuando respeta intransigentemente su condición,
y, por tanto, busco ese punto exacto de putridez absoluta,
sólida, líquida o gaseosa, no interesa. No discrimino el estado con tal de encontrarla.
No me importa que esté en los vapores expelidos por las cosas en putrefacción o en las segregaciones de los corrompidos cuerpos.
No sentiría, siquiera, pudor alguno de que provenga del cadáver de otro perro fracasado en el intento de lo que hago ahora mismo…¡Tal es el nivel de perritud que siento!
Y me revuelco en el piso, para sentir lo peludo de mi perra anatomía,
y siento el regusto en la boca de comer directamente la cosa
y acerco mi hocico de perro al plato y como saboreando y masticando ruidosamente, como cualquier perro…
Y devoro la carne dispuesta para mi digna cena, como si comiera carne humana, que es, al fin y al cabo, la secreta fantasía de todo perro. Eso lo sé ahora porque me siento perfectamente perra.
Y hasta siento en el cuerpo la necesidad de un estruendoso ladrido,
que retumbe en toda la casa y haga venir desconcertados a todos sus habitantes.
Pero recuerdo que, por más real que sea esto de sentirme un perro, no lo soy…aun.
La otra parte del tiempo sólo anhelo tener esta misma sensación.

miércoles, 2 de febrero de 2011

10 claves para escribir un libro

Tomado de: Mujeres Poetas Internacional


Planifica tu libro. Escribir un libro es como construir un edificio: antes de empezar a escribir asegúrate de tener un plano. Piensa bien que quieres contar, cómo vas a organizar la información en capítulos, cómo vas a terminarlo.

No te dejes vencer por la página en blanco. No olvides que todo lo que escribas puede ser después corregido, re-escrito o incluso borrado, así que, simplemente, escribe. Sin prisa, sin presiones, pero con constancia. Recuerda que no se trata de escribir una obra maestra, solo de terminar tu libro.

Lee. La lectura es el oxíggeno del escritor, te inspirará y te motivará. Si estás escribiendo una novela o un poemario, lee novelas y poemas. Si estás escribiendo un libro de no ficción –un ensayo, un libro de auto-ayuda, un recetario...- lee libros parecidos. Leer es el calentamiento de la escritura.

Imponte un horario fijo de escritura. Puede ser dos horas cada tarde, las mañanas del fin de semana, o tres horas el jueves por la noche... No importa. Lo esencial que, una vez decidas tu horario de escritura semanal, lo respetes. Solo alcanzarás la cima de la montaña si caminas aunque sea poco a poco.

Ten siempre a mano un diccionario. Es la herramienta básica del escritor, tanto para escribir una novela como un libro de no-ficción; en especial el Diccionario de Sinónimos y Antónimos. Te ayudará a expresarte mejor y a no repetirte. Si escribes ficción (novelas, relatos, poesía...) te será también muy útil un Diccionario Ideológico.

Busca tu propia voz. No intentes escribir de forma complicada, con frases largas o con un lenguaje complejo. Sé tú mismo/a. Ten en cuenta que el primer propósito del lenguaje es transmitir ideas, por lo que la claridad y la sencillez pueden ser nuestros mejores aliados, especialmente si estás escribiendo tu primer libro. Imagina a tu futuro lector como a un amigo, no como a un juez.
Documéntate a cada paso. Necesitas la precisión, la concreción y la exactitud para que tu libro sea interesante. Esto es así para cualquier tipo de escrito: si eres novelista y tu personaje viaja a Londres busca nombres de calles o lugares concretos de la ciudad. Si habla con un antropólogo, busca los términos que éstos utilizan para expresarse. Y si escribes un libro de no-ficción reunir datos es un paso esencial para que éste resulte útil a tus lectores.

Busca opiniones externas. Pásale tu libro a amigos, a conocidos o –mejor aún- a personas que creas que reúnen las características de tus futuros lectores. Pídeles su opinión de forma muy concreta: qué les ha gustado más de tu libro y qué menos; si en algún momento se han aburrido o si hay algo que no se entiende bien. No te pongas a la defensiva e intentes convencerles de que tu libro es muy bueno: acepta sus opiniones y tómalas en cuenta a la hora de revisar.

Revisa lo escrito. Relee lo que vayas escribiendo y ve haciendo los cambios que creas oportunos. Cuando termines el libro, déjalo reposar unos días y después vuelve a leerlo con nuevos ojos. No temas reorganizar los capítulos, alterar frases o expresiones o incluso recortar trozos enteros. Las palabras son tu material de trabajo, moldéalas como necesites.

No olvides que a escribir se aprende escribiendo. Nadie nace escritor. El primer libro siempre cuesta más y puede que el resultado no nos satisfaga al 100%... No importa, tómatelo como una práctica: el próximo saldrá mejor. Escribir es como cualquier otra actividad en la vida, cuanto más la practicamos, mejores son los resultados.


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El equipo de:
Mujeres Poetas Internacional
"Soy todo lo que puedo ser, soy poeta, soy mujer."

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sábado, 11 de diciembre de 2010

Lo que querías saber sobre tus amigos y no te atreviste a preguntarle a sus enemigos


Amigos, amigos, amigos...¿Qué convierte a alguien, que conoces o con quien compartes, en un amigo?

¿Es la amistad un proceso paulatino o es una especie de galardón que otorgas y/o retiras a voluntad?

¿Acaso es amistad verdadera y valiosa aquella que depende de cuánto puedan complacerse mutuamente los implicados?

Demasiadas preguntas para comenzar. A veces es mejor dejar las cosas estar, pero en este caso creo válido, al menos hacerse las preguntas correctas.

En un momento estabas rebosando de amistades, todo eran demostraciones de afecto, lealtad y confianza. Te reunías casi a diario. Sabían tus alegrías y tus tristezas y tú las suyas. Se divertían y se aburrían juntos. El mundo era poco para todo lo que tenían que compartir. Aquello parecía que iba a durar para siempre, que era imposible que se perdiera y dentro de ti agradecías a la vida tan valioso regalo. Todo era perfecto. Todo, hasta que llegó el momento de hacerte cargo de otros aspectos de tu vida que requerían tu especial atención.

El verdadero amigo jamás se interpone en tu camino, a menos que vayas cayendo cuesta abajo.

Entonces , no importaron las lágrimas y las risas en compañía, las pruebas de sinceridad y afecto manifestadas durante el resto del tiempo, los sueños colectivos que los reunieron tantas veces entorno al humo del café y los cigarros. No importó nada más que el hecho de que ya no estarías físicamente ahí. Todo dependía de eso.

Sinceramente, una amistad que sólo se pueda probar con la presencia no sé si vale la pena. Los verdaderos amigos llegan cuando todos se han ido. Vienen en tu bonanza porque les ruegas y en tu desgracia sin que lo tengas que pedir. Pueden estar al otro lado del mundo y puedes estar seguro de que cuentas con ellos. No se enfría su amistad por la ausencia. Entienden que son una parte importante de tu vida, pero que tienes todas las otras de las cuales debes hacerte cargo. Saben lo que significa necesitar tu espacio y tu tiempo, pero entienden que eres su amigo y que si te necesitan pueden llamarte y acudirás aunque tengas años sin aparecer. Tus amigos saben donde buscarte y saben que estarás para ellos.

El verdadero amigo no sólo es un compañero de diversión, sino alguien que te ayuda a crecer.


Un amigo de verdad puede compartir contigo la distancia y el silencio.

Si en determinado momento, tienes que detenerte desconcertado y preguntarte qué hiciste para perder la amistad de tal o cual persona, entonces no tenías una verdadera amistad, porque ésas no se pierden nunca.

El que ha dejado de ser amigo es porque no lo ha sido nunca.


En una relación amistosa de verdad, las sospechas, el rencor, la maledicencia, la calumnia y la difamación no tienen cabida. Alguien que fue verdaderamente tu amigo, aunque se separe de ti, se retira discretamente y conserva los secretos compartidos como si nunca los hubiese escuchado. No se deja tentar para hablar mal de ti porque realmente te apreciaba y respetaba. Si tiene algo que aclarar o alguna duda, se acerca a ti y te habla directamente y no te lanza indirectas en público para avergonzarte frente a los demás por la supuesta ruptura. Máxime si no sabe en qué situación está esa amistad en realidad.

Hay que poner ojo avizor sobre amistades que siempre te tengan a prueba. A las que tengas que estar rindiendo pleitesías todo el tiempo si no quieres caer bajo sus dudas y sospechas de que no eres su amig@. ¿Hay algo más estresante que tener que estar haciendo numeritos y cabriolas para asegurarse la confianza de alguien? Quien pretenda eso no es tu amigo.

Ante todo debéis guardaros de las sospechas, porque éste es el veneno de la amistad. San Agustín de Hipona

Y mejor provecho tendrás en alejarte para siempre.

A los amigos, como a los dientes, los vamos perdiendo con los años, no siempre sin dolor. Santiago Ramón y Cajal


Otra polilla de la amistad es la envidia. ¿Por qué razón tantos seres humanos prefieren a sus amigos tristes, desgraciados, desmoralizados, con problemas antes que felices, prósperos y exitosos? Porque piensan que entonces no l@s van a necesitar. Eligen más alegremente para sus amigos la miseria que la abundancia, pues piensan que un amigo en desgracia es difícil que desdeñe tu compañía y ayuda. En cambio si le va bien, podría prescindir de ti con mayor facilidad.

Bien, alguien que piense de esta manera, no importa el motivo ni las circunstancias, lamentablemente, tampoco es tu amigo. Quien es tu amigo no cambiaría tu felicidad por nada. No siente envidia de ti. Se alegra de que te vaya bien. Le emocionan tus logros y tu dicha como si fueran propias. Y no se resiente porque tengas algo que él o ella no.

Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo o una amiga. Simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima. Oscar Wilde.

Hay quienes mantienen a sus amigos eternamente sintiéndose en deuda porque les hicieron un favor, les sacaron de un apuro, les facilitaron una oportunidad o cedieron algún bien. Estos son verdaderas sanguijuelas para el ser. No te libras nunca de sus constantes recordatorios, directos o indirectos de lo que entienden les debes. No importa cuántas pruebas de gratitud y amistad les des, siempre serán insuficientes. Se comportan como si les hubieras quitado algo en vez de haberlo recibido, se supone, voluntariamente de su parte. Te hacen sentir presionado, obligado y culpable durante el resto de tus días y arrepentirte una y mil veces de haber aceptado lo que creías era un regalo, una prueba de afecto y amistad desinteresada.

Te mantienen en vigilancia. Cualquier cosa que hagas o digas, cualquier cosa que dejes de hacer, te convertirá en un malagredecido o traidor. Y el hecho de no estar permanentemente besándole los pies para demostrarle que recuerdas perfectamente el bien que te hicieron y que lo agradeces de todo corazón, será una prueba de que no eres su amigo, en otras palabras: no merecías su regalo. Porque en el fondo eso es lo que sucede. Sienten que no mereces lo que te dieron. Y que no eres digno de su amistad y que deberías estar adorándolos por rebajarse a ofrecértela.

El verdadero amigo es aquél de quien podemos aceptar regalos sin que tengamos que darle nada. Michel Simón.


Creo que la amistad es algo más serio de lo que se supone. Los deberes todos los sabemos y vivimos recitándolos, recordándoselos a nuestros pobres amigos. Prácticamente se los restregamos en la cara para asegurarnos que no los olviden y como advertencia y/o condición para conservar nuestra amistad. ¡Qué agallas! Una amistad con esas exigencias no vale tanto. La amistad es algo que se debe dar espontánea y gratuitamente o simplemente no darse. No es obligatorio hacernos amigos de alguien.

A la hora de la verdad, no se sabe si aquello que exigimos lo merecemos. Demasiadas condiciones les ponemos a los que tienen la desgracia de ser amigos nuestros, pero, si es así tan negociable...¿Qué ganan ellos, cuáles son sus beneficios? Cuáles derechos le asisten a nuestros amigos?

He aqui una pequeña síntesis de los Derechos de los amigos, de mi parte. Eres libre de añadir o de quitar, según tu criterio.

1.-Un amigo mío tiene derecho a su vida, a su libertad y a la seguridad integral de su persona. Esto incluye desaparecer y aparecer según lo necesite, siempre que sea para su bien y no haga nada contra la amistad.

2.-Un amigo mío tiene derecho a la libre asociación, libertad de culto, de expresión y de tránsito. Siempre que no malogre con estas mi persona, mis derechos, ni la amistad.

3.-Un amigo mío tiene derecho a verme cuando lo necesite, sin necesidad de intermediarios, ni situaciones humillantes. Llamar previamente para asegurar mi acudida al encuentro.

4.-Un amigo mío tiene derecho a hacer uso de cuantos de mis bienes y servicios Yo decida poner a su disposición. Ni más ni menos.

5.-Un amigo mío tiene derecho a su privacidad, a mi discreción respecto a sus cosas y a mi respeto hacia sus preferencias de cualquier índole y hacia la integridad de su persona. Entiéndase derecho a no ser molestado ni verbal, física, moral, psicológica o espiritualmente por mí ni por el hecho de ser mi amigo.

6.-Un amigo mío tiene derecho a mi cariño, lealtad, sinceridad, discreción, respeto, solidaridad y comprensión para consigo. En todo momento y en todo lugar, sin importar las circunstancias.

7.-Un amigo mío tiene derecho a tener cuantos amigos le parezca, al margen de la amistad conmigo. Esto excluye a mis enemigos declarados y/o personas que me han hecho mal, por supuesto.

8.-Un amigo mío tiene derecho a Hacer uso de su tiempo como mejor lo determine. Inclusive a cancelar las citas previas siempre que sea bien justificado.

9.-Un amigo mío tiene derecho a reprenderme, llamarme la atención, reclamarme y corregirme cuando actúe mal, ya sea en perjuicio mío, de él, de la amistad o de cualquier otro ser o situación. Excluídos los golpes y o maltratos físicos, las burlas, sarcasmos, indirectas y otras formas ofensivas.

10.-Un amigo mío tiene derecho a mis manifestaciones de afecto pública y privadamente. Siempre con respeto mutuo.

11.-Un amigo mío tiene derecho a conservar su espacio personal sin intervención mía de ninguna clase. Esto significa, que puede decidir si requiere mi compañía o no, sin que eso me ofenda.

12.-Un amigo mío tiene derecho a tener secretos. Sin que eso signifique que me tenga desconfianza. Él o ella es un individuo. Los hippies ya no existen. No hay razón para que mi amigo deba tenerlo todo en común. Puede guardarse lo que quiera para sí. Ese es su derecho.


Hasta pronto, amigos.

viernes, 2 de abril de 2010

África Rose


A Don Luis Poueriet Cordero,
por su gran valor humano
que desborda con su positivo influjo
los límites de su persona.

Por: Rossalinna Benjamin


Es prohibida la nostalgia, sierra mía.
Es prohibido recordar y suspirar,
dejar salir calientes volutas de humo blanco,
que es el color deslavado de la tristeza...
de la honda añoranza por la tierra amada...
la tierra de uno, caramba!

El terruño entrañable que se bebió las gotas de sangre
que un trozo verde de botella hizo brotar
enterrándose en mitad del pie descalzo...
La tierra vieja que te vio en calzones rotos,
corriendo feliz y sofocado hacia el futuro.


¡Ay, sierra mía, sierra mía!
Es prohibido abrazarse emocionado
a aquel ayer, tan lindo por tan simple.
Cuando los caballos andaban sueltos y alegres,
y se acercaban al arado a ayudar voluntariamente
y uno les dejaba pastar luego en sus predios...
y tenían nombres como "Flecha Veloz", "Terrón de azúcar"
y "Gran Zafiro" .

Cuando los padres eran gigantes sabios e invencibles,
los abuelos: viejos robles bondadosos,
las abuelas: mimosas hadas madrinas,
y las madres...las madres, sierra mía,
eran Dios con enaguas y voz dulce,
que curaban cualquier mal, mágicamente,
espantaban, cualquier monstruo, cualquier miedo
tan sólo con su diáfana luz.

¡Ay, sierra mía!
Ya no hay eso, ni galletas de canela,
de aquellas que se horneaban en fogones de barro...
Ahora sólo tenemos letreros que prohíben cosas.

No fume, no pase, no tocar, no estacione,
no haga ruido, no tome bebidas alcohólicas,
no entre con alimentos, no respire, no proteste,
no piense, no reclame sus derechos, no recuerde,
no se exprese, no medite, pero manténgase vivo
porque necesitamos quien lea y obedezca los letreros...
pues nosotros no podemos porque estamos muy ocupados
escribiéndolos.

Sólo eso es lo que tenemos, sierra mía,
Pero yo todavía te tengo a ti,
aunque ahora tú también eres un cartel...

¿Te acuerdas cuando te colgué aquí?
Desde entonces veo tus picos en neblina,
lo verdeazuloscuro de tus lejanías
y recuerdo que contigo
cubrí aquel letrero tonto de este cuartucho
que decía No raye la pared...
y tus relieves me devuelven a otros tiempos más felices
en que comía de mi tierra iletrada.
alimentándome de su real sabiduría...
tan vieja como la vida misma
y tan hermosa como el resplandor de tus cumbres y tus noches,
tan hermosas como tú, sierra mía.


Santo Domingo, R.D.
Agosto 2006