¡Acelera tus oídos! Que este poema tiene prisa, detrás de él viene un respiro aún más impaciente…
este poema quiere ir a toda milla
hace tiempo se moría por salir y no podía, estaba atrapado en un absurdo bolígrafo azul, de los baratos y todos los poetas escribían en sus ordenadores
quería decirles de los cigarros que venden al doblar de este vocabulario:
son más largos, más duraderos y expelen humo fresco
pero los poetas son unos imberbes majaderos y arrogantes que jamás prestan oídos al poema
si oyes rápido, este es tu día de suerte, pues sabrás lo que ignoran los poetas
lo atraparás de este poema fugitivo, lo de las nubes verdes que lloran bajo las sábanas infinitas del cielo, lo de la negra luna que deja su hueco brillando una noche y otra noche y así, interminables tanto que todos creen que es ella la que brilla
lo de las botas raras que usaban los murciélagos para darle velocidad a los parabrisas del sueño
y todas las otras cosas, sólo tú si eres todo oído atento, veloz y arrebatado
los poetas sólo encontrarán los restos del poema: los verbos desconjugados, las aburridas comas e inútiles adjetivos, pues ellos siempre llegan tarde a la poesía, entran por la puerta grande haciendo mucho ruido, mientras que por una hendija insospechada el poema se escabulle, van volando desertoras sus más ardientes palabras cada una con su acento bajo el brazo.